La luz transforma cualquier estancia. Integrar iluminación decorativa y funcional en el salón no solo embellece, también mejora el confort y la manera de vivir el espacio. Desde el primer momento, conviene planificar la iluminación decorativa junto a la distribución de sofás y muebles para evitar sombras y deslumbramientos.
Empieza por la capa general. Un techo con focos empotrados o carriles discretos reparte la luz de forma homogénea. Regúlala con dimmers para adaptar la intensidad a cada momento. Después, suma la iluminación decorativa con lámparas colgantes sobre la mesa de centro o el comedor: crean puntos de interés y ayudan a zonificar sin tabiques.
Añade luz de tarea. En rincones de lectura o trabajo, una lámpara de pie orientable o un aplique articulado aporta precisión y evita fatiga visual. Para realzar la estantería, utiliza tiras LED continuas en baldas o trasera: es una iluminación decorativa que subraya texturas y objetos especiales.
Realza paredes y arte. Los bañadores de pared y focos dirigidos sobre cuadros o láminas añaden profundidad. Si tienes un mueble de televisión, integra una luz perimetral cálida para reducir el contraste con la pantalla. Esta iluminación decorativa hace el visionado más agradable y elegante.
Cuida las temperaturas de color. En salones, la luz cálida (2700–3000 K) crea atmósferas acogedoras. Mezcla luminarias con CRI alto para respetar los colores reales de textiles y madera. Los controles inteligentes (escenas en un clic) te permiten pasar de “lectura” a “cine” o “reunión” sin complicaciones.
Por último, elige luminarias con carácter: piezas escultóricas, pantallas textiles o acabados metálicos que dialoguen con el interiorismo. Así, la iluminación decorativa deja de ser un accesorio y se convierte en parte del diseño.







